HACIA LA CANONIZACIÓN DE ANA MARÍA JAVOUHEY

BEATIFICACIÓN DE ANA MARÍA JAVOUHEY

 

Los trabajos comenzaron en 1897 bajo el generalato de la M. R. Madre Marie Basile quien, por la línea materna, pertenecía a la familia Javouhey. De entonces datan las “Oraciones por la Causa”.
Hubo primeramente, en París, el Proceso Informativo sobre la reputación de santidad de la Sierva de Dios; luego el de “no-culto”. El de los escritos fue en Roma.

BEATIFICACIÓN:
De los primeros Procesos, revisados por la Sagrada Congregación de Ritos, cuyo informe fue favorable, Su Santidad Pío X firmó el Decreto de Introducción de la Causa de Ana María Javouhey quien, por el hecho recibía el título de Venerable

11 de Febrero de 1908: S.S. Pío X firma el Decreto de Introducción de la Causa de la Sierva de Dios, ANA MARIA JAVOUHEY.

El 12 de mayo de 1909: Se abre el Proceso Apostólico que tiene doble objetivo: examinar las virtudes y los milagros. Además comprende la apertura de la tumba y el reconocimiento canónico del cuerpo de la Sierva de Dios.

En la jornada del 30 de octubre de 1911, en Senlis, se hace la exhumación del cuerpo de la Venerada Madre que aparece perfectamente conservado, después de 60 años!
INTEGRA ET INCORRUPTA declara solemnemente el Promotor de la Fe.

El 11 de febrero de 1921, en París se hace un reconocimiento del corazón.
24 de febrero de 1921, un nuevo reconocimiento del cuerpo y del corazón es autorizado por un Indulto y son encontrados en estado de perfecta conservación.

27 de Mayo de 1937: Proclamación del Decreto de Heroicidad de sus virtudes.

18 de Enero de 1949: Decreto “TUTO” autorizando la Beatificación de Ana María Javouhey.
Se da inicio al Proceso de Canonización

15 de Octubre de 1950:
El Papa Pío XII celebra la BEATIFICACION DE ANA MARIA JAVOUHEY

LOS NUEVE PASOS EN EL PROCESO DE CANONIZACIÓN

Proceso ordinario por el cual la Iglesia católica romana ha canonizado durante los últimos cuatro siglos.
En la práctica, el proceso de canonización involucra una gran variedad de procedimientos, pero, en todo momento, únicamente las decisiones del Papa tienen fuerza de obligación; sólo él posee el poder de declarar a un candidato merecedor de beatificación o canonización.
1) Fase pre-jurídica: fase de promoción.-
Hasta 1917, el derecho canónico exigía que pasaran por lo menos cincuenta años desde la muerte del candidato. Ahora, está suprimida la regla de los cincuenta años .
Durante esa fase se permiten, sin embargo, una serie de actividades extraoficiales En la práctica, los “impulsores” de una causa suelen ser miembros de alguna orden religiosa, dado que sólo ellos tienen los recursos y los conocimientos necesarios para llevar el proceso hasta el final.
2) Fase informativa.-
El propósito de ese proceso es suministrar a la congregación romana los materiales suficientes para que sus funcionarios puedan determinar si el candidato merece un proceso formal.
Procedimiento:
* establecer si el candidato goza de una sólida reputación de santidad, y,
* reunir los testimonios preliminares aptos para comprobar si tal reputación se halla corroborada por los hechos.

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LAS VIRTUDES RESPLANDECIENTES DE ANA MARÍA JAVOUHEY

“Hay acontecimientos tan importantes, tan extraordinarios en la historia de las familias, que parece que la lengua y la pluma no se agotarían jamás de contarlos. Quienes los han vivido sienten placer al evocarlos, los demás al escuchar el relato. El tema es inagotable alrededor de una fecha misteriosa han gravitado cien años de oraciones y de sacrificios, un Adviento de cien años de deseos suplicantes. Y por fin esta fecha se escribe en letras de oro en los Archivos de nuestra querida familia religiosa.”
(Boletín de la congregación, de diciembre de 1950)
Los Anales Históricos nos hablan de las virtudes cristianas de fe, de confianza en Dios, de sumisión a su divina voluntad, de humildad, de celo y caridad, por las que se ha distinguido, y que le han merecido el título de “Beata … Bienaventurada”

SU FE.- Ella no sabía de qué manera y en qué proporciones se ejecutaría la promesa que había hecho a Jesucristo. El cuidado de todo esto se lo dejaba a Dios, confiándole el crecimiento, a su tiempo, de la semilla echada a tierra aquel 11 de noviembre…Era lo que animaba su viva gratitud a Dios por todo lo que había hecho y hacía diariamente en su favor, por las gracias especiales y cuyos efectos apreciaba.
Esta alma tan generosa, tenía un gusto, una devoción muy particular por la lectura del santo evangelio: era el alimento sólido que convenía a su espíritu vigoroso. Se veía cómo ella estaba familiarizada con el texto sagrado; jamás se separaba de este santo libro, lo llevaba continuamente con ella para leerlo y meditarlo en sus intervalos de descanso.
Un honorable eclesiástico, que la conoció en el tiempo de sus grandes tribulaciones, escribía que “cuando ella hablaba de celo, de caridad, de humildad, era el lenguaje de san Pablo” tanto la iluminaba y hacía elocuente su fe. “Su oración era muy elevada, y se puede afirmar que no perdía la presencia de Dios.” Hacer el bien al prójimo, trabajar por la gloria de Dios, era bien su única ambición
“No es la ciencia lo que les pido, es sobre todo la abnegación cristiana, la abnegación vivificada, santificada por el espíritu de fe: con esta fe fuerte y vigorosa se puede mucho, aunque no se tenga mucha instrucción”

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